19.4.09

Inspiración

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Una de las cosas que me inspiró para este blog ha sido una canción de La Oreja de Van Gogh. Se llama Jueves y viene incluida en el último álbum A las 5 en el Astoria. La comencé a escuchar cuando salió en España y como mi hermano la escuchaba me agradó y después ya la tenía en el SpiPod. Creo por esa canción me hice fan de este disco de La Oreja.

La historia de la canción ocurre dentro del tren y se llama así porque está dedicada a las personas que murieron en los ataques de Madrid, que ocurrieron un jueves 11 de marzo de 2004.

Escuchen la canción con cuidado. Y después sabrán porque es buena para inspirar, lo que será mi próxima historia, no desesperen y gracias por leer este blog.





Si fuera más guapa y un poco más lista
Si fuera especial, si fuera de revista
Tendría el valor de cruzar el vagón
Y preguntarte quién eres.

Te sientas en frente y ni te imaginas
Que llevo por ti mi falda más bonita.
Y al verte lanzar un bostezo al cristal
Se inundan mis pupilas.

De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro me hago pequeñita
Y me pongo a temblar

Y así pasan los días, de lunes a viernes
Como las golondrinas del poema de Bécquer
De estación a estación
Enfrente tú y yo
Va y viene el silencio.

De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro, me hago pequeñita
Y me pongo a temblar.

Y entonces ocurre, despiertan mis labios
Pronuncian tu nombre tartamudeando.
Supongo que piensas que chica más tonta
Y me quiero morir.

Pero el tiempo se para y te acercas diciendo
Yo no te conozco y ya te echaba de menos.
Cada mañana rechazo el directo
Y elijo este tren.

Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado
Un día especial este once de Marzo.
Me tomas la mano, llegamos a un túnel
Que apaga la luz.

Te encuentro la cara, gracias a mis manos.
Me vuelvo valiente y te beso en los labios.
Dices que me quieres y yo te regalo
El último soplo de mi corazón

30.3.09

Su mirada

30.3.09 5
Sabía que me estaba viendo. Su mirada fija en mis ojos me decían que le gustaba. La tensión era alta, no sé si tanto para ella como para mí, pero el sudor me comenzaba a recorrer. Primero un sudor frío, el cual me hizo temblar manos y pies, recorrió mi cuerpo de abajo a arriba. Mi mirada, aún no se fijaba tanto en ella.

Se subió pero no me percaté de ello, yo leía Una temporada en el infierno, iba por la página 55 cuando alcé por primera vez la mirada y la vi junto a la puerta. Era fácil no dejar de verla. Ese cuerpo era observable.

Yo ya iba por la página 60 cuando se paró justo enfrente de mí. La sensación de que alguien me veía era muy fuerte, esos ojos miel tenían una mirada fuerte. Me desconcentré, no pude seguir con esa lectura, era más intrigante descubrir su mirada para poder verla también a sus ojos.

Cuando teníala vista arriba, no me dirigí directamente a su cara, me quedé viendo su abdomen y volteé rápidamente a mi izquierda. Como estaba en el asiento individual vi como la gente de alado la observaba con la misma intensidad que yo. Los de los asientos de mi izquierda igual, no dejaban de ver su cuerpo, era fascinante, jamás visto. Su ropa hacía juego ad hoc con todo ella.

Cerré el libro sin colocar el separador, no me importaba qué página era, lo que quería ver estaba frente a mí pero no era capaz, no tenía el valor suficiente para subir más mi mirada y verla directo a los ojos. El poder de su mirada, trataba de decirme algo. Mas no conseguía descifralo, o quizá no quería saberlo.

Me decidí, no tenía otra opción, era ya o nunca porque en dos estaciones bajaba. Sus ojos se enfrentaron a los mios, se enfrentaron literal, porque sus ojos no mostraban nada de amor, de deseo, como los ví la primera vez, sus ojos orbitaban, ya no eran mieles, eran rojos, parecía iban a salirse del odio en cualquier momento. Pero su cara no mostraba el mismo sentimiento, era una cara de cansancio, de ostigamiento, de que ya no soportaba más que la gente la siguiera viendo.

Su cuerpo era único, le faltaba una pierna, desde el tronco, era incríble como podía sostenerse en ese aparato viejo y oxidado, no lo cubría con su ropa, al contrario, la había roto a propósito, su peso era de no más de 130 kg., sus dedos salían de los converse viejos que usaba, el pantalón deslavado no era así por estar a la moda, su blusa con círculos eran de los huecos y fácilmente podían verse sus pechos que eran enormes y sin una gota de silicón, naturales. Los brazos con yagas rojas, moretones en el cuello, un labio parecía había sido cortado cuando era pequeña. Se sotenía fuerte con la mano y 3 dedos que tenía.

La sensación al terminar de ver sus ojos de nuevo era nueva, no la había sentido nunca, el tiempo pareció se había detenido y cuando me di cuenta ya era Chilpancingo. Me levanté rápidamente pero no llegué a tiempo, las puertas se estaban cerrando enfrente de mí. Mi impulso por estar afuera fue tan grande que cuando dejé mi asiento me agarré del brazo de la mujer de la mirada y por instinto puse lo que tenía en mis manos entre las puertas. Sin darme cuenta, le había quitado el brazo. Entonces, no se cerraron por completo y pude salir.

Después me encontré a la misma mujer en diferentes ocaciones, le faltaban otras partes del cuerpo, las cuales eran sustituidas por viejos fierros. Nunca más volví a quedarme sentado con la mirada hacía abajo en el metro.


 
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